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Conocemos las principales barreras para el envejecimiento activo de las personas con parálisis cerebral

La falta de recursos económicos y profesionales, el doble envejecimiento y la adaptación de los servicios fueron algunos de los problemas identificados en la segunda sesión de los Espacios de Diálogo sobre Envejecimiento.

Confederación ASPACE ha celebrado la segunda reunión del grupo de profesionales participantes en nuestros espacios de diálogo sobre envejecimiento en parálisis cerebral. Esta sesión se planteó con un enfoque y formato participativo, orientado a recoger la experiencia de los equipos de atención directa.

Durante la sesión se señaló que en el proceso de envejecer activamente es importante respetar los tiempos, preferencias, decisiones y proyectos vitales de cada persona.

Los equipos de profesionales pusieron en común propuestas de acción como mantener la mayor autonomía posible; favorecer la participación en los entornos familiares, sociales y comunitarios; preservar la calidad de vida o dejar de invisibilizar el envejecimiento de las personas con parálisis cerebral en los ámbitos personal, social, institucional, sanitario y familiar.

En una segunda parte se analizaron las necesidades que surgen o que van en aumento durante el envejecimiento de la persona. Se destacó la importancia de contar con apoyos más individualizados, adaptaciones físicas, tecnológicas y comunicativas, y profesionales con mayor especialización en envejecimiento y parálisis cerebral.

Barreras durante el envejecimiento en parálisis cerebral

En el transcurso de la sesión los equipos de profesionales identificaron barreras relacionadas con la salud, el seguimiento médico y sociosanitario, la accesibilidad, la adaptación de productos de apoyo y la planificación de servicios ajustados a la trayectoria vital de cada persona.

También se subrayó la dificultad para detectar y revisar los niveles de apoyo cuando aparecen cambios físicos, pérdida de movilidad o nuevas necesidades. Las participantes insistieron en que estos cambios deben entenderse como parte del proceso de envejecimiento, y no solo como consecuencia de la parálisis cerebral.

Otra de las cuestiones señaladas fue que las necesidades avanzan más rápido que la capacidad actual de los servicios para responder con los recursos disponibles. En este sentido, se mencionaron la falta de recursos económicos, la escasez de profesionales especializados, las dificultades para contratar perfiles como fisioterapia, logopedia u otros apoyos técnicos, y la necesidad de revisar ratios, tiempos de intervención y organización de centros, viviendas y residencias.

El doble envejecimiento —el de las personas con parálisis cerebral y el de sus familiares o personas cuidadoras— se identificó como un obstáculo especialmente relevante, ya que genera nuevas necesidades de apoyo, dificulta mantener los cuidados en el domicilio y evidencia la falta de recursos y modelos de vivienda adaptados.

Asimismo, se abordó la persistencia de una mirada asistencialista o infantilizadora, que puede limitar la autonomía, la toma de decisiones y el reconocimiento de las preferencias de las personas con parálisis cerebral. Frente a ello, se planteó la necesidad de avanzar hacia un enfoque más centrado en la persona.

Durante la sesión también se recogieron respuestas que las entidades están poniendo en marcha ante las necesidades detectadas en este proceso. Entre ellas destacan: la creación de redes de apoyo comunitario, la coordinación con entidades públicas y privadas, recursos de dependencia, organizaciones del Tercer Sector y espacios vinculados al ocio y la participación.

Propuestas de mejora en la respuesta al envejecimiento en parálisis cerebral

Entre las propuestas de mejora, se planteó la necesidad de crear programas específicos de atención al envejecimiento en personas con parálisis cerebral, diferenciados de la atención general y adaptados a los cambios y apoyos propios de esta etapa vital.

También se subrayó la importancia de mejorar la coordinación con el sistema sanitario y avanzar hacia unidades o apoyos médicos especializados capaces de detectar signos de envejecimiento, cambios funcionales y necesidades sanitarias específicas que pueden pasar desapercibidas.

Además, se propuso revisar ratios, adaptar salas y servicios, reforzar los apoyos en el entorno familiar y comunitario, formar a profesionales dentro y fuera de los centros, trabajar la planificación de voluntades y abordar la dimensión jurídica de los apoyos y decisiones en las últimas etapas de la vida.

La sesión también permitió poner en valor las buenas prácticas que ya existen en las entidades. Las profesionales participantes señalaron la importancia de identificar, sistematizar y compartir aquello que ya funciona, para que pueda transferirse a otras entidades y servir como base para el listado de recomendaciones que se está elaborando desde los Espacios de Diálogo.

Por último, se puso en valor el trabajo diario de los equipos profesionales y se planteó la necesidad de consolidar recursos residenciales específicos o adaptados, que permitan mantener los vínculos familiares cuando las personas cuidadoras también necesitan apoyos residenciales.

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